Dos mujeres.
Dos miradas.
Un encuentro creado en conjunto.
Somos Gris Bravo y Victoria Breña. Nos conocimos durante nuestro entrenamiento en Constelaciones Familiares. Fue ahí donde comenzó un camino que, con el tiempo, se transformó también en una amistad.
Desde entonces hemos mantenido un vínculo sostenido por algo que compartimos: el interés genuino por acompañar a otras personas en sus procesos de conciencia, comprensión y transformación.
Cada una ha recorrido su propio camino y desarrollado su propia manera de acompañar. Y, al mismo tiempo, hemos encontrado puntos de encuentro en nuestra mirada sobre el trabajo con las mujeres, sus historias y las preguntas que muchas veces aparecen cuando comenzamos a mirar de dónde venimos.
Con el tiempo surgió la posibilidad de unir nuestras experiencias y crear algo juntas.
Mis dos raíces nace de ese encuentro.
De nuestra amistad, de nuestras conversaciones y de ese interés compartido por acompañar procesos desde una mirada profunda, humana y sistémica.
No queremos decirte cómo deberías vivir tu historia. Queremos crear un espacio donde puedas mirarla, reconocerla y preguntarte qué quieres hacer con ella.
Dos mujeres. Dos miradas. Una intención compartida: acompañar a otras mujeres a encontrarse con su propia historia.
Mi camino en el acompañamiento de personas comenzó a llevarme hacia una pregunta que con el tiempo se volvió cada vez más importante para mí: ¿cuánto de nuestra manera de vivir tiene que ver con la historia que recibimos y cuánto podemos elegir hacer diferente?
A través de las Constelaciones Familiares y del trabajo sistémico he encontrado una forma de mirar las historias familiares desde un lugar diferente: no para buscar culpables, sino para reconocer los vínculos, las experiencias y los patrones que forman parte de nuestra historia.
En mi trabajo acompaño procesos en los que exploramos temas como los vínculos familiares, las lealtades, el lugar que ocupamos dentro del sistema, el Proyecto Sentido Gestacional, Heridas de la infancia y aquellas experiencias que pueden seguir teniendo presencia en nuestra manera de relacionarnos con la vida.
Para mí, constelar no significa encontrar una explicación para todo. Significa abrir un espacio para mirar aquello que quizá no habíamos podido ver, reconocer lo que forma parte de nuestra historia y permitirnos hacer nuevos movimientos.
A lo largo de este camino también he aprendido algo que considero fundamental: honrar nuestra historia no significa estar condenadas a repetirla.
Por eso, “Mis dos raíces” representa una extensión natural de mi manera de trabajar. Una invitación a mirar nuestros linajes femeninos materno y paterno, reconocer lo que hemos recibido y explorar cómo queremos relacionarnos con ello desde nuestra propia vida.
Mi intención es acompañarte a mirar tu historia con respeto, profundidad y conciencia, sin quitarte la posibilidad de elegir tu propio camino.
Hay algo que veo una y otra vez en el consultorio: la historia familiar no vive solo en lo que pensamos de ella. Vive en el cuerpo, en formas que muchas veces ni siquiera tienen nombre todavía.
Trabajo desde dos lugares a la vez. Uno mira el sistema: el lugar que cada quien ocupa en su familia, las lealtades, lo que se repite de generación en generación. El otro mira el cuerpo: la tensión que no suelta, el peso que se carga sin saber bien de quién es, la emoción que llega sin explicación clara.
En sesión, esto se traduce en mirar juntas el lugar que ocupas en tu sistema familiar, lo que te llegó de tus dos líneas, lo que sostienes por amor aunque nunca lo hayas elegido, y sobre todo, cómo todo eso sigue presente en tu cuerpo hoy.
Entender de dónde viene una carga es solo la primera mitad del trabajo. La otra mitad es sentir en qué parte del cuerpo se instaló, para poder trabajar con ella y convertirla en fuerza en lugar de peso.
En “Mis dos raíces” me toca justamente esa parte: llevar el cuerpo a la conversación. Vamos a escuchar qué guarda cada linaje en el cuerpo de cada mujer, y a partir de ahí, encontrar un primer movimiento hacia su propia vida.
Te acompaño a que tu historia no solo se entienda con la mente, sino que también se sienta en el cuerpo, para que lo que decidas cambiar tenga dónde sostenerse.
